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| Vista
de la Gran Vía. En primer término el Hotel
Marina. 1915. |
Antes
de ser conquistada por Augusto en el año 19 a.
C., el río Sella era la frontera natural entre las
tribus cántabras y astures, que fueron las últimas
de la Península en caer en manos de Roma. En el siglo
I a. C. Estrabón menciona el río Saelia,
Sella, y escribe que los habitantes de Ribadesella eran los salaenos,
un grupo de la subtribu cántabra de los Orgenomescos,
y sus poblados eran Octaviolca y Noega,
llamado Noega Ucesia por Ptolomeo. Tras
la derrota asturcántabra, Ribadesella quedó dentro
de la provincia Tarraconense, aunque el Sella siguió siendo
frontera, pues quedó como línea de separación
entre los “conventus” Asturum y Cluniensis. De
la época romana se conservan en el Museo Arqueológico
de Asturias dos estelas funerarias antropomorfas halladas
en El
Forniellu.
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| La
antigua Plaza Nueva. |
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| Balneario
en la playa Santa Marina. |
Las primeras escrituras medievales sobre Ribadesella se remontan
al año 834, un documento de donación a la iglesia
de propiedades en Torre Felgarias (Torre), Calabriezes (Calabrez)
y Tezánicos (Tezangos). La villa aún no existía
y la población altomedieval residía seguramente
en las laderas de la Cuesta y del Cuetu de San Juan. Los
documentos de donación a la iglesia abundan algo más
en los siglos X, XI y XII, y en ellos se mencionan muchas
aldeas, fincas, cotos, molinos, salinas y pesquerías
en el Sella. La iglesia, fortalecida, comienza a construir
a principios del siglo XIII los templos románicos
de San Esteban de Leces, San Salvador de Moru y Santa María
de Xuncu. La monarquía castellano-leonesa también
quiere fortalecer sus dominios y, con la guerra de reconquista
ya lejos, va creando núcleos de protección
real, dotándolos de fueros, leyes, mercado y gobierno.
Aunque la carta-puebla se ha perdido, el concejo de Ribadesella
fue creado oficialmente en 1270 por Alfonso X El Sabio, que
ordenó reunir
los territorios de Melorda y Leduas (Meluerda
y Leces) y formar un solo alfoz que abarcara
ambas márgenes del Sella, una unidad que se ha mantenido
hasta hoy.
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| Imagen
del conocido como edificio "Apolo" en la primera
mitad del siglo XX. |
En los siglos XIV y XV la nobleza se crece, le disputa los
privilegios a la corona y varias familias nobiliarias se
hacen con la propiedad de los recursos económicos y de los
cargos de gobierno de Ribadesella, hasta que a finales del
siglo XV intervienen los Reyes Católicos y desalojan
de la villa a los Condes de Luna, dándoles una fuerte
suma de dinero y enviándolos fuera de Asturias. Lo
mismo hicieron con Llanes, Cangas de Narcea y Tineo, por
lo que Ribadesella y estas villas fueron llamadas desde entonces Las Cuatro
Sacadas. Los principales recursos medievales tienen
relación directa con el puerto, pues son el comercio
marítimo, la importación de sal, la pesca del
salmón en la ría, la pesca de bajura, la industria
salazonera y la caza de la ballena. La industria ballenera tuvo
gran importancia sobre todo en la Alta Edad Media, y hubo
una factoría en la playa cuyos restos, conocidos como La
Casa de las Ballenas, llegaron hasta el siglo XVIII.
El topónimo La Atalaya, en la villa,
también remite al pasado ballenero. La importación
de sal, sujeta a monopolio y concesión real de alfolí,
fue también un negocio rentable y codiciado por la nobleza,
del que incluso sacaba beneficios la iglesia a través
de un impuesto de 28 fanegas por barco descargado.
En 1517 visitó la villa el emperador Carlos
I de España (y V de Alemania), que viniendo
de Gante desembarcó en Villaviciosa y viajó por
tierra hacia Cantabria y Valladolid. Para entrar en la villa
dio el séquito un rodeo hasta el vado del Alisal,
pues sus caballos se asustaban en la barca pasaje, y en sus
dos días de estancia en Ribadesella fue agasajado
por el pueblo con una exhibición militar, danzas y
toros, según escribe Laurent Vital, cronista del emperador
y autor de una magnífica estampa de la vida local
de comienzos del siglo XVI. En 1673 los hidalgos de Ribadesella
se unieron para comprar al rey los oficios de Justicia
y Regimiento, que estaban acaparados por una familia,
y desde entonces hasta el siglo XIX el concejo se rigió por
un estricto sistema electoral rotatorio entre los tres distritos
municipales, LaVilla, Cuesta
en Fuera y Llende el Agua.
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| Inauguración
del puente actual. 1940. |
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| Construcción
de la carretera a Gijón. 1912. |
En julio de 1808 se creó el batallón “Ribadesella”,
con más de 700 soldados, para luchar contra los franceses,
aunque éstos lograron ocupar la villa y el puerto en
1810. El río Sella también tuvo en la Guerra
de la Independencia un alto valor estratégico,
pues el general galo Jean Bonet dominaba Santander y desde
allí se adentraba en Asturias o se replegaba hacia Ribadesella,
tras la línea del río. Los franceses se acuartelaron
en la villa y en Berbes, y mantuvieron en su poder el camino
real de la costa para asegurarse las comunicaciones, mientras
que las guerrillas españolas tomaron control del interior
del concejo, por lo que llegó a haber dos Ayuntamientos
paralelos, uno afrancesado en la villa, presidido por José de
Ardines, y otro “español” en la parroquia
de Moru, en la margen izquierda del Sella, presidido por Francisco
Ruisánchez. Debilitadas las tropas francesas por la
falta de abastecimientos, ya que la costa estaba bloqueada
por las fragatas inglesas que apoyaban a los patriotas asturianos,
se retiraron en junio de 1811, tras año y medio de ocupación,
muerte e implacables saqueos perpetrados en el concejo por
ambos bandos.
Durante las guerras carlistas, Ribadesella
fue en 1873 escenario de un enfrentamiento bélico en el puente,
entonces de madera, en el que murió el teniente carlista
Oró. Como represalia, los carlistas entraron más
adelante en la villa y destrozaron el telégrafo y los
archivos, asaltaron tiendas y secuestraron al alcalde, que fue
liberado después de que el concejo pagara un fuerte
rescate. En la guerra civil de 1936, Ribadesella
volvió a
cobrar un alto valor estratégico, pues las tropas de la
República se parapetaron tras el Sella para intentar contener
a las tropas franquistas, que avanzaban por el norte tras tomar
Bilbao y Santander. Rotas las líneas en septiembre de
1937 tras la batalla del Mazucu, los milicianos dinamitaron el
puente de hierro para proteger su retirada hacia Gijón,
el último reducto republicano del frente norte. |